martes, 1 de enero de 2013
Murió un día a media mañana luego de haberme dicho hacia quince días “ así que te vas ahijado me cambias por la bicicleta nueva que te trajeron los Reyes”, yo no había visto más personas muertas que a mi abuelo, y aún eso apenas lo había percibido en la penumbra que los cortinajes que oscurecían la habitación donde yacía en su lecho, como era costumbre en su tiempo.
Cuando entre en el cuarto de mi padrino asustado y tembloroso había sido ya bien arreglado rígido y blanco rodeado de flores ,el día resplandecía afuera de modo que a pesar de las persianas corridas había cierta claridad en el lugar a la cual fueron acostumbrándose mis ojos ,demasiado claro para un muerto, creo haber tenido la sensación que aquella luz lo mostraba demasiado, lo cual era como una profanación.
Sin embargo no daba miedo verlo…Oh…lejos de ello y por el contrario todo resto de sufrimiento había desaparecido de su rostro y nunca me había parecido tan joven y elegante. Las hojas de las ventanas estaban entreabiertas y corría un leve viento casi fresco para ser una mañana de Diciembre . Vi que no tenia puesto más que una de sus camisas de suave color blanco atizado; favoritas para cuando salíamos y me llevaba sentado en el caño de la bicicleta; entreabierta mostrando su aun velludo pecho que ahora se destacaba sobre la piel ahora mas blanca casi como cera y de primera intención y antes de pensarlo proteste ,¡ había estado tan enfermo!: Que imprudencia , debíamos arroparlo, ¿que pensaba? Y de inmediato como es claro me acorde que no importaba nada ya que estaba muerto puesto que no era mas que una cosa perdida, sacrificada, que iba hacia la oscuridad de un sepulcro que cerrarían después para dejarlo allí pudriéndose con otros cadáveres…..
¡Oh¡…. entonces la angustia me oprimió desesperadamente…….!En verdad que yo creía aún en el “cielo”, donde volvería a encontrar su alma, pero yo quería también , con todo mi corazón ,aquello que estaba allí sobre el lecho ,aquello también era él con su boca entreabierta que mostraba sus fuertes dientes dibujando una semisonrisa cuajada era la misma que toda mi niñez había conocido reidora y diciéndome firmemente como debía ser y comportarme mientras ataba con sus manos rudas la soga en mi cintura en el borde del muelle con la orden de aprender a nadar, al unisonó conmigo que me hacía perder el miedo en el fin de mis años infantiles y aun con la risa entrecortada por lo bocanadas de agua nos divertíamos juntos locamente. Todo aquello , sin remedio posible a pesar de la fe, a pesar de las plegarias iba camino ya a convertirse en algo horrendo, en la noche oscura en la que se le descendería en la mañana siguiente.
Por primera vez allí delante de de él me sentí verdaderamente aplastado por el enorme horror de la muerte…..y caí de rodillas sosteniéndome del borde del lecho y acodándome en un sillón sosteniendo mi cabeza con ambas manos llore entrecortadamente.
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